Francisco J. Viñas Presidencia de Area
Ser llamado amigo de Dios fue el honor más grande que
Abraham recibió. Ser llamados amigos de Cristo fue el
principal honor de sus discípulos. Para nosotros actualmente
sigue siendo nuestro objetivo, que Él Señor nos llame
sus amigos.
¿Cómo podemos llegar ser nosotros llamados sus
amigos y cuál es el significado de la amistad con Cristo?
Antes de comenzar una amistad con alguien debemos saber
quién es. ¿Quién es Jesucristo? Pedro
respondió a esa pregunta diciendo: Tú eres el Cristo,
el Hijo del Dios viviente. Pedro sabía quién era
Jesucristo. ¿Cómo lo sabía? "Bienaventurado
eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo
reveló carne ni sangre sino mi Padre que está en los
cielos" (Mateo 16:17).
Cada uno de nosotros debe obtener su propio testimonio de que
Jesús es el Cristo, nuestro Salvador y Nuestro Redentor. El
Padre por medio del Espíritu Santo, nos proporciona ese
testimonio. No puede ser adquirido de otra forma. Este testimonio
se obtiene por medio del estudio de las escrituras, el ayuno, la
oración, la fe en Cristo y el arrepentimiento. Para que
Él llegue a llamarnos sus amigos debemos obtener un
testimonio de su divinidad.
Debemos entender que Jesucristo es más que nuestro
hermano mayor o nuestro amigo, Él es el único camino
para llegar al Padre, Él es el Jehová del Antiguo
Testamento, Él ya era un Dios antes de venir a
desempeñar su ministerio temporal. Él había
creado mundos sin número bajo la dirección del
Padre.
Solamente Él podía efectuar la expiación y
redimir al género humano de su condición
caída. Solamente Él tenía el poder para
salvarnos. Solamente Él podía pasar por
Getsemaní y la cruz y beber la amarga copa y no desmayar.
Él y solamente Él es nuestro redentor, Él
venció a la muerte y posibilitó que todos
algún día podamos resucitar.
Difícilmente podremos llegar a ser llamados sus amigos a
menos que sepamos claramente quién es Él y qué
papel juega en nuestra vida, y en nuestra salvación. La
expiación es parte central del Plan de Salvación, sin
ella estaríamos perdidos. Cada uno de nosotros debemos
conocer el efecto que la expiación tiene para nuestra
vida.
Él dijo: "Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga
la vida por sus amigos" (Juan 15:13) Él dio el ejemplo
poniendo su vida por sus amigos.
Y ¿Quiénes son sus amigos? El mismo lo
aclaró cuando dijo: "Vosotros sois mis amigos, si
hacéis lo que yo os mando" (Juan 15:14). Claramente queda
establecido que convertirse en Su amigo tiene una condición
y esa condición es hacer lo que ha mandado.
¿Qué es lo que Él ha mandado? "Y
él manda a todos los hombres que se arrepientan y se
bauticen en su nombre, teniendo perfecta fe en el Santo de Israel,
o no pueden ser salvos en el reino de Dios" (2Nefi 9:23)
Para poder ser llamados sus amigos debemos cumplir con los
mandamientos y efectuar las ordenanzas que Él ha
proporcionado para la salvación. Debemos prepararnos para
ser dignos de poder entrar un día en el templo y recibir las
sagradas ordenanzas que son esenciales para nuestra
salvación en el Reino Celestial.
Para poder ser llamados sus amigos debemos seguir Su ejemplo.
"Porque aquello que me habéis visto hacer, eso
también haréis vosotros" (3 Nefi 27:21).
Cuántas veces en el correr del día cuando nos
enfrentamos a un desafío o alguna decisión importante
nos preguntamos: ¿Qué haría Jesucristo en esta
situación? ¿Cómo actuaría
Él? Al actuar como Él lo haría y al
esforzarnos por seguir su ejemplo lo convertimos en nuestro modelo.
La vía más satisfactoria que alguien puede seguir en
esta vida es la de tratar de emularlo. ◊
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